sábado, 7 de febrero de 2009

El niño jardinero

La historia de Daniel y su flor

(Cuento de tema pedagógico)

Esta es la historia de un niño llamado Daniel. Dani, que así lo llamaremos durante la historia, es un niño que se aburre con facilidad. Él quiere hacer algo importante, algún milagro por así decirlo. Un día decide ir a buscar algún lugar donde pueda hacer algo importante por lo que la gente lo reconozca. Se le ocurre ir a un bosque donde hay un ngran río, el río Nilo; hasta ahí todo normal, pero es que arriba del Nilo hay una gran montaña a la que él todavía nunca había subido. Dispuesto a subirla la sube con todo el calor que hacía. Cuando llegó a la cumbre se encontró con una diminuta flor marchitada y caída. Él vio allí su oportunidad de hacer algo importante y sin pensárselo dos veces bajó la montaña, cogió entre sus manos toda el agua que pudo y cuando subió solo tenía tres gotas, pero a Dani no le importó porque subiría y bajaría tantas veces como hiciesen falta, y así lo hizo; subió y bajó veintisiete veces y la planta seguía igual pero volvió a subir y a bajar otras veintisiete veces y la planta creció, pero tampoco era un gigante y Dani lo que pretendía era que fuese la mayor planta del mundo, porque así la gente le tomaría como un héroe o algo por el estilo. Detrás de esas ganas de ser el héroe de su pueblo, estaban las ganas de ayudar a la naturaleza y además mataría dos pájaros de un tiro, porque al ayudar también haría ejercicio ya que la montaña era un tanto alta, más o menos unos treinta metros, y había que subir y bajar. Todo esto lo haría durante varias semanas, incluso durante varios meses si hiciese falta. Cuando cayó la noche Dani se fue a su casa pero con la sensación del trabajo bien hecho. Se había pasado todo el día subiendo y bajando la grandísima montaña, y todo para que una flor marchitada creciese y se hiciese grande. En su casa cenó una de las mejores cenas que nunca había comido: pimientos de piquillo con un pincho de tortilla; y aunque parezca que es una comida que para los niños es un asco, paraél no lo era porque le gustaban las comidas raras como ya pueden ser la coliflor y los pimientos de piquillo. Cuando terminó de cenar, se levantó, cogió un plato y se acostó, después de rezar las correspondientes oraciones porque para él no había cosa más importantes. Transcurrió la noche y Dani se levantó tres veces a hacer pis porque estaba muy nervioso. Su madre le decía que se transquilizara pero él no podía, tenía la satisfacción de que estaba haciendo un milagro. Cuando se levantó por la mañana desayunó y se fue directo al monte a por la pobrecita flor que se había vuelto a marchitar por el calor; eso quería decir que todo el trabajo del día anterior no había valido para nada en absoluto, pero Dani no bajó los brazos en ningún momento ni se desanimó; cogió su barreño y se fue a por agua, luego, cuando subió arriba, había derramado la mitad del barreño pero volvió a bajar y subir hasta que la flor se enderezó; entonces Dani decidió tomarse un descanso porque la verdad es que subir y bajar en pleno verano cansa un poquito. Menos mal que tenía agua para beber, de eso no podría quejarse porque el agua del río era una de las mejores aguas de la región.
Pasaron cinco minutos y era hora de seguir trabajando. Dani pensó que si le echaba más agua la flor se volvería a caer ahora por exceso, pero lo que se le ocurrió a Daniel fue ponerle una sombrilla de las que ponen en los vasos, para que el sol no la achicharrara. Era una buena idea pero ahora tendría que volver a su casa a por la sombrilla. Volvió, subió al monte y la clavó. Dani se fue a su casa a descansar y por la tarde ya volvería. Por la tarde fueron los amigos de Dani a llamarlo y éste salió a jugar con ellos a la pelota. Con lo que ellos no contaron fue con que los gamberros del barrio fueron al monte y destruyeron la flor, pisoteándola. Cuando al día siguiente volvió Dani a ver el progreso de la flor se llevó un gran chasco y se enfadó muchísimo. En ese momento se le ocurrió seguir las pistas y encontrar al culpable para darle su merecido, pero pensó que, de momento, lo más importante era que la flor se recuperase y que se pusiese grande. Rápidamente bajó a por agua y subió pero sin el barreño porque no había tiempo; además, cuando el colegio empezase ya no tendría tanto tiempo para la flor y entonces estaría menos atendida y los vándalos podrían volver a destruirla y eso ya sería el colmo porque ya sí que no se podría remontar. Lo que se le ocurrió a Dani fue ponerle una valla alrededor; Dani no la tenía pero eso daba igual, porque o la fabricaba o la pedía a algún familiar o conocido. Optó por fabricarla lo que le llevó un tiempo y al cabo de cuatro horas y cuarto la valla quedó terminada y, para colmo, no había quedado mal, había quedado muy pero que muy bien. Fue a colocarla y, ya que estaba allí, con la ayuda de su barreño la regó y así fue la mañana de Dani. Por la tarde Dani no fue porque sabía que su flor estaba a salvo y ya había crecido lo suyo.
Daniel le dijo a su padre que si le dejaba la cámara de fotos para fotografiar el proceso de la flor y además le puso nombre a la flor, se llamaba María Mercedes. Con la cámara de fotos de su padre y el nombre de la flor puesto, se fue al monte, lo subió y la fotografió muchas veces; había decidido hacer un álbum de fotos solo de la flor y de su progreso. Cada vez la obsesión de Daniel era mayor y el progreso también; hasta la madre de Dani, María Mercedes, se lo decía cada día pero a éste le daba igual; él tenía en su cabeza la idea de hacer un milagro por lo que ser reconocido en el futuro y lo conseguiría pasase lo que pasase porque cuando a este chico se le mete algo en la cabeza es para cumplirlo y no para dejarlo a medias, como muchas veces hacía su padre y su madre.
Al día siguiente la planta había crecido hasta llegar a un nmetro diez y Dani estaba muy orgulloso del trabajo que estaba haciendo y del progreso de su María Mercedes (la flor, no su madre). Así pasaron los días pero no todos los días crecía medio metro, había días en los que ni crecía o si lo hacía era sólo milímetros, pero eso a Dani le daba igual. Su padre, Alfonso, le decía todos los días que no se rindiese, que tarde o temprano la planta sería gigante (se lo decía de broma y Dani se lo creía) . Y eso fue lo que le llevó a tener tanta obsesión por la dichosa flor; él no se lo tomaba como una obsesión sino como un hobby y eso le gustaba porque se supone que los hobbies te tienen que gustar y a Daniel le gustaba, y mucho. Se acercaban las fiestas del pueblo y estas fiestas son de las más importantes para el pueblo porque se abren muchísimos museos y si hay algo curioso en el pueblo se inaugura o se le da una medalla o algo por el estilo. La flor llegaba a superar los dos metros, el alcalde se enteró y lo más seguro es que le diesen una medalla a Dani por haber criado una de las maravillas del pueblo. Cuando llegaron las fiestas, todo el pueblo estaba alumbrado y el día de la inauguración mandaron una carta a casa de Dani comunicándole que le darían una medalla por la flor, él no se lo podía creer y daba botes de alegría. Por fin todo su trabajo daría frutos. Por la tarde se inauguraría la flor como la flor más grande del mundo y la medalla, por fin, fue de Dani que estaba super orgulloso de su trabajo. Cuando terminó la inauguración, todo el mundo coreó el nombre de Dani y se lo llevaron a hombros hasta la plaza principal del pueblo. Dani había triunfado.

Álvaro López Carrero 2º E.S.O.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es un cuento muy didactico. Donde los valores del esfuerzo la perseverancia y el amor por el medio ambiente están puesto de manifiesto.