lunes, 16 de febrero de 2009

Amor perdido

Mi hermana pasó toda su vida en la tierra.
Nació, murió.
Mientras tanto,
ni una mirada atenta, ni una frase.

Hizo lo que hacen todos los bebés,
llorar. Sólo que no quería que la alimentaran.
Inmóvil, mi madre la abrazaba, tratando de cambiar
primero su destino, después la historia.

Y algo cambió: al morir mi hermana
el corazón de mi madre se volvió
muy frío, muy rígido,
como un pequeño medallón de acero.

Me pareció entonces que el cuerpo de mi hermana
era un imán. Lo sentía atraer
el corazón de mi madre hacia la tierra,
para hacerlo crecer.

Louise Glück

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