martes, 3 de febrero de 2009

Tipos de playas.. El Arte de la Literatura

Me dirigía a la playa por el paseo marítimo. Era de noche. No había mucha gente, tan solo algunas personas que se dirigían a sus casas o a hacer las últimas compras del día. Oía el sonido de las olas chocando con las rocas. Me recordaba cada momento malo que había pasado en mis cinquenta años de vida. Bajé hacia la arena. Las olas llegaban hasta mis pies. Sentía pequeños escalofríos en todo mi cuerpo. Desde el oscuro horizonte venía una luz que sería de un barco que venía de pescar. Esa luz me indicó el camino que debía seguir y, tras ese relámpago, sonó el pitido de un barco. Entonces la luz dejó de verse, dando paso a recuerdos de gritos e insultos.
Ana María López de Lerma García. 3ºA
Al pisar la arena, el silencio se quebró. Su sonido fue grave y espectral. La playa tenía una forma curva y abierta. Relucía como una enorme perla. Su brillo ascendía hasta el cielo como la niebla. Las olas se estrellaban lentamente contra la playa. La luna, en el cielo, se unía con el horizonte, contaminando la oscura agua con su luz. Mas allá de la playa, en el mar, había dos rocas de gran tamaño. Eran grises y negras al mismo tiempo. La luna lo decidía. Las luciérnagas, desperdigadas por la orilla, revelaban la virginidad de la playa. Si fuera un cuervo y mirara la playa desde arriba, su arena tendría la forma de una sonrisa, y las piedras serían sus ojos. Una malvada cara, muerta como los huesos.
José Luis Crespo Cepeda 3ºA
Desde la toalla, sentada, observaba aquel paisaje solitario. Estaba anocheciendo. El cielo empezaba a teñirse de un color morado suave, que hacía juego con el colorazabache de la arena. El sol estaba a punto de esconderse. Se reflejaba en el agua y era una enorme bola roja anaranjada. Recordé a un volcán en erupción. Al otro lado, hacia el embarcadero, había tres pequeños barcos pintados de color cielo sucio, como de antes de una tormenta. Había trozos de madera de barcos por toda la playa, junto a redes viejas y un ancla oxidada. Me deslumbró la luz de un espejo de mano, roto, tirado sobre la arena.
Raquel Antequera Martín 3ºA
Las olas chocan con delicadeza contra la arena, como una hoja mecida por el viento. El mar da la sensación de tener sed. La arena es tosca y casi gris. Al tocarla se clava como espinas. La orilla está inundada de algas verdosas que dan asco, creando una barrera en forma de advertencia. En la lejanía, casi enterrada, una destartalada sombrilla descansa olvidada. Pequeños fragmentos de botellas se extienden brillando por los escasos rayos de sol, como el mármol lúgubre de una lápida.
Adela Parrilla Gómez 3º A
Caía la tarde envolviendo a las olas en un quejido de frío. La arena, mojada, resbalaba entre el sonido de lamentos. Las gotas de lluvia empapaban la esbelta figura de un hombre vestido de negro. Imperturbable.
Marta García López 3ºA
Desde el acantilado veía cómo las olas chocaban contra el saliente continental y llevaba hasta la orilla de la bahía los restos de las rocas que se desprendían. Estaba alejado de toda vida humana. Lo único que recordaba al ser humano era un viejo faro, que se encuentra en la parte más elevada del acantilado. Abajo se veía una minúscula e indefensa playa llena de guijarros.
Ricardo Rubio Sánchez 4ºC

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