martes, 17 de febrero de 2009

Desesperación

Transcribo el capítulo 1º de una novela policíaca escrita por tres alumnos:
"Eran las cuatro de la tarde. El agente M. subió al tren. Avanzó hasta el fondo del pasillo hasta que encontró un sitio libre y se sentó. A su lado estaba sentado un hombre con muy mal aspecto que ocultaba la cara detrás del periódico. Parecía un vagabundo. Enfrente de él una mujer con gafas de sol muy grandes, a pesar de que afuera aún nevaba, y un gran bolso que ocupaba el asiento contiguo.
El tren arrancó. Miró su reloj, las cuatro y diez. Tenía una cita importante en Madrid y no podía llegar tarde. Puso la alarma en el móvil e intentó dormir pero estaba demasiado nervioso. Tocó con la mano el maletín donde llevaba los documentos para comprobar que todavía estaban ahí. No podía permitir que los descubrieran o las consecuencias serían funestas.
Las cinco, pronto llegaría a Aranjuez, una parada más y estaría en Madrid. Allí el peligro habría terminado. Lo estarían esperando en la estación y allí su misión habría terminado.
Ahora estaba un poco más relajado, pronto acabaría todo. Miró a la mujer de enfrente, tenía la impresión de que estaba dormida pero no estaba seguro porque aún llevaba puestas las gafas de sol. Entonces vio reflejados en los cristales de las gafas a dos hombres que entraban en el vagón, uno de ellos era enorme, uno de sus brazos podría levantar a una persona sin esfuerzo, en cambio el otro era más bajo y avanzaba por el vagón con paso decidido, observando a todo el mundo. No llevaba uniforme pero enseguida se dio cuenta de que eran policías pues observó que iban armados, a pesar de llevar las armas escondidas, al fin y al cabo había sido entrenado para darse cuenta de ese tipo de detalles y éstos podían ser la diferencia entre acabar el día acostado en una cómoda cama o en un ataúd.
Los dos hombres le señalaron y avanzaron hacia donde estaba sentado. Justo en ese momento paró el tren, no estaba en Madrid pero no tenía otra opción, lo habían descubierto.
Abrió el maletín, cogió rápidamente los documentos y dejó allí el maletín vacío. Bajó del tren y se mezcló entre la multitud. Vio también cómo los dos matones bajaban del tren y se abrían paso entre la muchedumbre, buscándole. Tenía que despistarles, así que corrió buscando un lugar donde esconderse o más bien donde esconder los documentos porque lo más probable era que le atraparan, ya le habían visto la cara y ni se planteaba la posibilidad de hacer frente a dos hombres armados y uno de ellos dos cabezas más alto que él. No le convenía que le cogieran con los documentos. Así que entró en un bar."
(Continuará)
Alumnos de 1º de Bachillerato Artes: Rafael Chinchilla Laguna, Pedro Alfonso Martínez Novella y Julián Mateos de la Higuera Ruiz-Peinado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Simplemente ........

fabulosaa!!