"Se vende alianza de Oro de 18 quilates, de 4 mm de ancho con un diamante tallado de 0´20 quilates, de la talla 21 sin ningún tipo de grabado, y camiseta de los Beatles color gris, talla mediana. Si alguien está interesado, por favor que contacte al 636549725543 lo antes posible."
Con gran decepción cerré el periódico y lo tiré a la basura nada más leer el anuncio.
Sabía que no había hecho bien, pero aquello era demasiado.
Y es que,¿cómo tendría que haber actuado?. Los ves de lejos. Tu mente empieza a imaginar cómo sería en tu vida el que alguien te abrazase así, te agarrara de ese modo, te besara con esa pasión. Observas qué hermosa pareja hacen, qué felices se ven. Sigues caminando...cuando, de pronto..., reconoces a uno de los que forman esa encantadora pareja, que desborda sensualidad en cada movimiento. Ya no puedes imaginar nada, sólo deseas desaparecer, no encontrarte en ese lugar, en ese instante. ¿Qué pasará con el matrimonio de estos amigos que en un par de días se comprometen? ¿Por qué he tenido que encontarme con esto? ¿La otra parte será conocedora de esta traición? Qué complicado tema. Imagino que alguna vez, muchos de nosotros, por desgracia, nos hemos encontrado en una situación así,¿pero en cuál?. Podemos estar en el lado del que traiciona o del traicionado. O ser la amistad que se entera de ese acto hacia un amigo, ¿qué piensas que es mejor hacer en estos casos? Es un tema que todos en algún momento hemos hablado, de si te gustaría o no conocer si tu pareja te llega a ser infiel, como todo nada es así, no todo es no. Muchos dicen que no quieren saberlo, otros prefieren la verdad ante todo. Y es que a pesar de conocer a la perfección a ambas partes, estaba perplejo, con la mente en blanco sin saber qué hacer. Yo ya había sido engañado a lo largo de mi vida, y sabía perfectamente que sólo el tiempo puede ayudarte. Es un luto que llevas muy dentro de tí y que sólo tú puedes superar. No existe una varita mágica que te pueda borrar ese dolor. Sólo nos queda dejar que transcurra el tiempo mientras nuevamente tratamos de levantarnos. No es fácil, porque la dolorosa experiencia nos hace dudar de cualquier persona que se nos acerca. Es incluso posible que una buena persona que merece ser amado se nos acerque, pero estamos tan dolidos que nos resulta fácil cambiar el chip y volver a empezar.
Todos recomiendan no buscar pareja en ese momento de dolor, porque es cuando más sensible está tu corazón. Estás tan vulnerable que crees que cualquier cosa te servirá para olvidar, pero te equivicas. Debes quedarte en silencio, meditando, tomando esto como un luto que llevar hasta que vuelvas a ver la luz del sol. Pero el proceso es difícil, y en momentos recordando la traición desearías no vivir ni hacer nada.
Pero en el caso de Juan yo no sabía cómo actuar, si contarle todo, pero sabía, que si lo hacía, dejaría a Alicia, pues no forma parte de su forma de ser el que lo engañen, por lo que estaba seguro de que no le daría otra oportunidad, y en ese caso no sabía si repetirle aquel consejo que él mismo me dio:" Espera tranquilamente que llegue la persona adecuada a tu vida, te volverán a dar ganas de amar, volverás a ver que los días tienen colores y no son en blanco y negro como los ves ahora." Y es que en el caso de ser tú el que tienes esa información, de la infidelidad de una pareja de amigos, ¿cómo actuarías?, callarías o hablarías con alguno de ellos...
Pues bien, yo callé. Aunque no me vaió de mucho, pues en este caso mi amigo Juan se acabó enterando de esta infidelidad, y anuló la boda con la única mujer a la que realmente había amado a tan solo dos días de que se celebrara. Lo peor fue que supo que yo lo sabía y sin pedirme explicaciones dejó de hablarme para siempre.
Pero a pesar de todo me sigue sorprendiendo que haya podido poner en venta la camiseta que le regalé cuando teníamos quince años, y es que desde niños fuimos inseparables.
Abrí el armario, y en el fondo de un destartalado cajón hallé la misma prenda que Juan había puesto en venta, la única diferencia es que ésta me la había regalado a mí.
Una lágrima corrió ágilmente por mi mejilla perdiéndose en el vacío, sin poder contenerme más, cerré el armario, y abrazado a lo único que me quedaba del hombre que había estado toda la vida a mi lado, apoyándome en lo bueno y en lo malo, ahora ya no volvería más. Lloré sin miedo, sin vergüenza, con impotencia, expulsando toda la rabia contenida, y así estuve toda la mañana olvidándome incluso de que tendría que haber ido a trabajar.
ADELA PARRILLA GÓMEZ 3ºA