El 12 de febrero se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Darwin y el 24 de noviembre, 150 de la publicación de su obra cumbre conocida como "El origen de las especies". Generalmente se suele citar a CH.Darwin (1809-1882) como el autor de la Teoría de la Evolución. pero esto es muy impreciso, ni Darwin fue el primer evolucionista. Su gran mérito es haber deducido, mostrado y comprobado el mecanismo por el que las especies de seres vivos cambian continuamente, es decir, evolucionan; sin embargo, la palabra mágica "evolución" solo aparece una vez en el Origen de las especies y lo hace en el último párrafo.
Su vida cambió cuando uno de los profesores en la Universidad de Cambridge le remitió una invitación para embarcarse en un barco, el Beagle, en calidad de naturalista sin paga y acompañante del capitán en un viaje alrededor del mundo. Acurrucado en su litera, nunca consiguió superar las náuseas que le producía el movimiento del barco.
Darwin, en "el origen de todas mis ideas, se refiere a las Islas Galápagos y a lo que observó en ellas, como a una serie de pájaros, los famosos pinzones de Darwin, en los que apreció semejanzas que revelaban parentesco u origen común y diferencias que indicaban cambios de adaptación. A ellos se unieron las celebradas tortugas, los fósiles que recogió en Sudamérica y sus observaciones en los atolones e islas coralinas del Pacífico.
Hoy podíamos resumir sus ideas evolutivas en cinco grandes enunciados. El primero, el cambio perpetuo. Todo en la naturaleza está en un proceso continuo de cambio, sin finalidad en sí mismo, sin un objetivo predeterminado y, desde luego, sin una inteligencia directriz que dote a los seres vivos de otra intención que la supervivencia. Según esto, una especie sólo tiene dos destinos: o se transforma en otra especie nueva o se extingue. Lo cual aplicado a la especie humana, ya fue difícil de aceptar en tiempos de Darwin, hasta para él mismo. Y sigue siendo difícil de aceptar para muchos en la actualidad...
El segundo enunciado es el origen común. Si las especies se van transformando en otras nuevas a lo largo del tiempo, podríamos seguir su rastro hacia atrás hasta llegar a un antecesor común. Es como reconstruir el árbol genealógico de una familia.
El tercero: la diversificación de las especies. Si una especie da lugar a dos nuevas y diferentes, a la larga, su número y diversidad irán en considerable aumento, aunque podremos reconocer semejanzas entre ellas por su parentesco. Como en las familias los hermanos se parecen y los primos conservan un cierto aire familiar.
El cuarto enunciado es el gradualismo, es decir, que todos estos cambios se producen de forma muy lenta y gradual, y sólo son apreciables en escalas temporales enormes.
Y por último la selección natural: sólo los mejores adaptados al entorno tienen posibilidad de reproducirse con éxito y transmitir a su descendencia sus características.
Todos estos enunciados han tenido una enorme transcendencia en la Ciencia.No nos hemos quedado anclados en Darwin. Hoy disponemos de herramientas técnicas que nos permiten ir mucho más allá. La tecnología genética, la biología molecular y la bioquímica, la secuenciación de genes, la biodiversidad, la interpretación científica de la conducta, la biogeografía, la ecología, la genética de poblaciones, la sistemática cladista, la filogenia molecular, la biología evolutiva...son todas disciplinas apasionantes, auténticas puntas de lanza de la investigación biológica y científica.
Y además disponemos de la estadística y la informática, que nos permiten manejar ingentes cantidades de datos y extraer rápidamente conclusiones. Darwin no pudo ni soñar con nada de esto. Pero es de bien nacidos ser agradecidos y reconocer que no seríamos capaces de transitar por semejantes caminos sin alumbrarnos con un viejo farol que ahora cumple 200 años.
Resumen del artículo publicado en el diario El Mundo por Fernando Pardos, profesor del Departamento de Zoología y Antropología Física de la Univ.Complutense de Madrid.
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